María, de Marambaia (Brasil). Es madre de dos hijos de corta edad que cada día deben caminar media hora para ir y media para regresar a la escuela –en el camino se quedan dormidos de pié-. La escuela es un lugar seguro para los niños, porque evita que estén en la calle. María cuenta cómo es su vida. Trabajan ella y su marido pero el sueldo no alcanza para instalar agua corriente en casa, es demasiado caro. Entre varios vecinos han construido un pozo común. Las cosas tienen que cambiar, dice.